Red Gestoras Culturales México

La Red está conformada por mujeres y mujeres trans dedicadas a la Gestión Cultural, Promoción y Creación Artística.

  • RED GESTORAS CULTURALES MÉXICO

    Desde la reciprocidad, la Red crea vínculos que favorezcan el desarrollo colaborativo de proyectos.

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    Ciclo Afiliación

    2023 / 2024

    Ciclo Afiliación

    2022 / 2023
  • DIARIO ABIERTO. NODOS EXPANSIVOS.

    Por Talía Barredo García

    En marzo cumplimos tres años de la llegada del Covid-19 a nuestras vidas. Tres años en los que enfrentar un sinfín de complejidades. Durante ese tiempo, experimentamos pérdidas de muchos tipos y nos sentíamos vulnerables ante algo que no se podía ver a simple vista. Ahora, todo lo vivido me parece tan lejano y surrealista al mismo tiempo. La pandemia ha sido un extraño paréntesis en nuestras vidas, sobre todo por las afectaciones emocionales que dejó de manera general: las personas se volvieron más eufóricas, intolerantes a las diferencias, agresivas y, en muchos casos, más solitarias.

    En contraparte, hay quienes se abrieron a compartir, a profundizar de manera individual y a reconectar de manera consciente con la tierra y con los demás. Partiendo de ahí, quisiera hablar sobre el proyecto Diario de un encierro y cómo, a tres años de su inicio, muestra sus frutos de la conexión genuina y afectiva que unió personas a través de las artes visuales.

    Diario de un encierro es un proyecto colaborativo relacional alojado en Instagram, en el cual participaba cada semana una artista de habla hispana que vivía en algún lugar del mundo. Al principio, la premisa era compartir imágenes, videos, obras y textos que estuvieran relacionadas con sus búsquedas artísticas y que reflejaran su experiencia durante el confinamiento. Con el tiempo, esto cambió y las artistas invitadas comenzaron a hablar de sus procesos y de quienes las sostienen.

    La gestión del proyecto fue muy orgánica y sencilla: la participante en curso invitaba a alguna colega con la que sintiera una fuerte resonancia; si aceptaba la invitación, yo me ponía en contacto directamente con ella para hacer la parte formal, es decir, explicarle la intensión y dinámica del proyecto, enviarle una carta invitación y, en caso de que lo necesitara, acompañarla durante su semana de participación. Los vínculos afectivos no solo permitieron que el proyecto llegara a 106 artistas viviendo en 14 países diferentes, también nos permitieron conocer la labor de otras redes de artistas, y así, en algún punto, encontrarnos físicamente.

    Uno de los retos fue intentar saber cuánto tiempo duraría el proyecto. En la gestión cultural siempre hay objetivos que alcanzar y fechas que cumplir, pero en este caso, el proyecto tenía una estructura y tiempos de participación determinados, aunque no eran rígidos, y si alguna artista necesitaba más tiempo para compartir sus procesos, lo podía tomar. Tampoco se había determinado la fecha final del proyecto virtual, más bien, el propio Diario fue mostrándonos su ciclo y, con la generación de la primera exposición física del mismo, entendimos que de lo digital ya era suficiente.

    En cuanto a la fisicidad del Diario: en noviembre de 2022 tuve la oportunidad de viajar a Montevideo a una residencia de artista, donde conocí a muchas de las artistas sureñas que habían participado en el proyecto. Posterior a la residencia, Ernestina Pereyra Gallo, me prestó su taller en Pensión Cultural Milán para poder accionar con las artistas. Durante tres días bordamos entre todas un mapa en donde visualizamos los lazos y los nodos expansivos. Actualmente, desde México, el mapa se sigue bordando cada vez que tengo la oportunidad de encontrarme con artistas que construyeron este proyecto.

    En marzo de este año se generó la exposición Diario abierto. Memoria del encierro, en donde participaron 40 artistas y se presentó en el Museo de Artes Gráficas de la ciudad de Saltillo, donde podemos ver los diferentes temas que nos atraviesan, mismos que dividen y se unen desde muchas disciplinas: El hogar -que abarca los actos desde la cotidianidad, el cuidado, la casa, la naturaleza, los afectos-, la maternidad, la naturaleza, el miedo, la cuerpa como nuestro territorio, la ritualidad y la sanación, y por supuesto, el feminismo desde la expresión de todos los anteriores.

    La exposición marcó un cierre de ciclo, pero las resonancias siguen presentes, se abren nuevos diálogos y las contenciones afectivas permanecen. Ahora cuando pienso en la pandemia, más allá de lo mencionado al inicio de este ensayo, la idea del rizoma permanece por la forma en la que evolucionó este proyecto, construido desde la colectividad y la confianza, y donde juntas creamos una red interseccional, intergeneracional y transdisciplinar, pero, sobre todo, una gran red de afectos que permitió compartir, dialogar y resignificar a partir de la práctica de otras artistas.

    Talía Barredo García

  • LA GESTIÓN CULTURAL COMO DETONANTE DE PROCESOS COLECTIVOS.

    Ensayos realizados por Gestoras Culturales y Artistas pertenecientes a la Red.

    Red Gestoras Culturales México

    De 2005 a 2006 tuve la maravillosa oportunidad de estudiar un diplomado para gestores y promotores culturales, respaldado por la ANUIES. Fue el segundo que se realizaba en todo México, el primero que se hacía fuera del entonces DF. Todo un año, aprendiendo y reflexionando de la mano de titanes de la promoción y gestión cultural en México, tales como Marisa de León, Otón Téllez, José Antonio MacGregor, entre otros. Yo estaba recién egresada de mi carrera artística en aquel momento, y esa experiencia abrió, multiplicó y potenció mi visión acerca de la cultura, en su sentido más amplio, lo cual modificó, por supuesto, mi práctica artística misma, mi manera de desarrollar proyectos, mi manera de relacionarme con todas las partes implicadas.

    En aquel momento la gestión cultural como tal todavía era un área casi desconocida, pero ahí comprendimos la enorme importancia y urgencia que existía en nuestro país de que se desarrollaran, de manera masiva, agentes con perfiles bien definidos y profesionalizados, ya que son el eslabón perdido entre los creadores, la comunidad y las instituciones. Después seguí buscando o encontrando más cursos y lecturas alrededor del tema, y sobre todo, mucha observación y experiencia de campo, en distintos contextos y en distintos países, que han nutrido de manera compleja mi labor y mi visión de ella.

    Ahora ya hay muchísimas instituciones y universidades que ofrecen formaciones profesionales y posgrados en esta área, que año con año tienen muchos egresados, lo cual considero que, de manera general, es algo positivo, aunque no me consta el enfoque que se tiene en cada una de dichas ofertas académicas. Sin embargo, quiero permitirme manifestar mi inquietud acerca de algo que me parece percibir, de una manera que no es tan fácil de precisar. Y es que a veces, sucede que, de tanto, termina por convertirse en nada.

    Sé que, dependiendo de la metodología o incluso del país, existen discrepancias en la definición entre gestión cultural, promoción cultural y animación cultural, sobre todo entre los dos primeros. O tal vez a estas alturas ya se pusieron de acuerdo y terminaron por encasillar bien clarito a una y otra, y yo no me he enterado todavía. Sin embargo yo hoy quiero dejar manifiesta, más que mi propia definición, lo que considero esencial de dicha labor, y por qué considero crucial no perder de vista este enfoque: desde mi perspectiva, la verdadera Gestión Cultural tiene que ser, fundamentalmente, un detonador de procesos colectivos. Procesos colectivos que repercutan de manera directa y/o indirecta, en un bienestar progresivo, evolutivo e integral, de una colectividad.

    Es decir, desde hace mucho ya existía la figura de manager o representantes artísticos, y no necesitaban estudiar licenciaturas para eso. O para decirlo de otro modo: si tu labor únicamente consiste en vender más presentaciones para un grupo o artista en específico, o para ti mismo, o en programar eventos random para llenar una cartelera o los reportes de la institución o el partido político para el que trabajas, o para atraer más clientes a tu café-restaurant-bar, o en hacer difusión de eventos de manera mecánica para justificar y que no cancelen el programa para el que trabajas, o en llevar talleres de manualidades o pintura con dedos o bailes de salón a los niños/viejitos de la comunidad X, pues no, eso no es hacer gestión cultural.

    Ojo, no estoy diciendo que las labores de promoción, de difusión, de fondeo o de marketing no sean parte del trabajo de la gestión cultural. Mucho menos estoy diciendo que los talleres y las actividades recreativas en comunidades no sean importantes. Me refiero a que si los beneficios de tu trabajo repercuten o se circunscriben a ti mismo, o a la organización para la que trabajas, o bien, no logran un beneficio duradero y transformador en la comunidad, sin provocar una trascendencia, un eco, un movimiento más amplio y ascendente alrededor, no eres gestor cultural: eres artist manager, o comunicador, o gerente de ventas, o empleado gubernamental, y punto. Y eso es respetable, desde luego. Cumple una función. Pero hay que llamar al pan, pan, y al vino, vino.

    La verdadera Gestión cultural profundiza en la comprensión de los procesos socio-culturales de su contexto, los problematiza y encuentra maneras puntuales, diversas y creativas de incidir, de manera significativa y trascendente, por medio del arte y la cultura, para generar un cambio, una mejora, una reflexión, un beneficio amplio, ya sea a corto, mediano y/o largo plazo; ya sea en una comunidad, un gremio, pero, preferentemente, que ese eco se siga expandiendo –de manera virtuosa- a diversas áreas.

    Al respecto, Kenneth J. Foster dice que: “El programador debe ser responsable de conectar el arte con la comunidad, de asegurar la creación y el sostenimiento de un espacio de participación comunitaria, y de que todas las formas de arte, debidamente contextualizadas, entren en el diálogo cultural1”.

    En el 2003, Lluis Bonet afirmaba, en la Asamblea General de la UNESCO.2:

    (…) Estamos convencidos que disponer de profesionales, artistas, técnicos, artesanos, funcionarios y políticos bien formados es la mejor garantía para conseguir un desarrollo sostenible de los proyectos y las organizaciones culturales, y un uso racional de los recursos disponibles, por desgracia siempre escasos. Sólo así es posible hacer viable social y económicamente, y propiciar una real participación ciudadana, y una buena difusión de la cultura (…) De poco sirve invertir en proyectos de producción escénica, (…) sin profesionales capacitados capaces de llevarlas adelante de forma sostenible.

    A 19 años de distancia de ese discurso, en México ya se cuenta con una aceleradamente creciente cantidad de profesionales, por lo menos a nivel académico, en la compleja labor que constituye la gestión cultural, pero: ¿de qué nos sirven los títulos universitarios, FODAS, rutas críticas, brochures, estudios de mercado, evaluaciones o guiones técnicos primorosa y profesionalmente presentados, o bien formatos y programas bien palomeaditos -con pluma azul y roja según dicta el manual-, si seguimos permitiendo que las instituciones culturales existan y trabajen sólo para ellas mismas, absorbiendo el cada vez más raquítico presupuesto para cultura, que a su vez ellos chupan de nuestros impuestos? ¿De qué sirve, si las condiciones laborales siguen precarizándose para los artistas y trabajadores culturales, si la organización gremial sigue siendo una utopía cada vez más lejana? Si las telenovelas, el tik-tok, los videobasuras, siguen acaparando nuestros públicos, y moldeando el imaginario colectivo, en lugar de que lo hagan las obras artísticas que con tanto esmero preparamos?

    Observando este fenómeno, el de lo mucho que a veces se convierte en nada, me parece que hay algo que, a pesar de los títulos académicos, todavía no estamos haciendo bien, y que haríamos muy mal en dejar pasar. El propósito principal de este texto, es recordar que el objetivo ulterior de la gestión cultural, es y debe seguir siendo la dignificación de la condición humana. Con títulos académicos o sin ellos. Considero de suma importancia que no permitamos que se banalice tanto el término como la labor de la gestión cultural.

    Georgina Navarro Núñez (Guadalajara, 1980) es artista multidisciplinaria, traductora literaria, profesora y gestora cultural. Ha producido y girado espectáculos escénicos en México, Canadá, Cuba y Francia. Organizadora de festivales, actualmente es parte del comité del Encuentro Transvolcánico de Poesía y fundadora de Telúrica-Plataforma Cultural. Radicada en Colima desde 2001, sus ensayos y notas han sido publicados en suplementos culturales y revistas locales e internacionales.

    1 Foster, Kenneth J. “La programación de las artes escénicas, de la teoría a la práctica”, CONACULTA 2008.

    2 Presidente de la Red Europea de Centros de Formación en Gestión Cultural, publicado en la página Internet http://www.encatc.org/downloads/SpeechSpanish_in_UNESCO_Con.pdf.

    Ilustración Lauren Strada 2023

  • encuentro GUADALAJARA

    Con el objetivo de fortalecer a las Gestoras Culturales y Artistas con temas pertinentes para su trabajo y para el impacto social que generan en sus comunidades así como propiciar vínculos para la colaboración con mujeres gestoras y artistas de otras partes de la República y Latinoamérica.

    En el Encuentro se llevarán a cabo las siguientes actividades:

    CONVERSATORIO

    Buenas prácticas para la gestión cultural y la colaboración en red.

    LABORATORIO

    Protocolo de cuidados para prevenir los riesgos del trabajo cultural en territorios.

    TALLER

    Cultura de Paz aplicada

    TRUEQUE

    Intercambio justo de asesorías y servicios.

    Consulta las bases https://drive.google.com/…/12e2…/view…

    Regístrate https://forms.gle/cUXEKmG8Yw14B6BS8

    Evento de Cupo Limitado

    Cierre de registro 7 de abril.

    ¿tienes alguna duda o comentario? envía un whatsapp al 55 9111 5934

  • 8M | 2023

    Desde la Red visibilizamos, fortalecemos, contenemos, abrazamos e impulsamos a mujeres que trabajan en el arte y la cultura.

    Rompemos paradigmas para profundizar en el conocimiento de la divergencia, disidencia y cambios necesarios que nos plantee el entorno.

    Lauren Strada

    Coordinadore de la Red Gestoras Culturales México